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Una mente maravillosa


A mediados del siglo XX, el mundo de la ciencia pasa por un momento de esplendor, en una fase de intenso trabajo y experimentación. La bomba atómica, la teoría de la relatividad, los avances en la definición de la economía capitalista o la matemática del caos son algunos de los descubrimientos con los que los grandes genios de la época contribuyeron a la configuración del panorama científico actual. Nombres como Einstein, Planck o Bohr empiezan a aparecer en los libros de historia como los padres de la ciencia moderna, en un momento en el que la frenética actividad militar exigía innovaciones para estar a la delantera con respecto al enemigo. Pero entre todos estos eminentes científicos,  que trabajaban al servicio de las universidades, el ejército o las academias, había un hombre, un matemático tímido e introvertido que estaba obsesionado con encontrar una idea original que revolucionara el mundo de la ciencia para siempre: John Forbes Nash.

Una mente maravillosa es el relato de su vida, desde sus inicios en la Universidad de Princeston hasta su consagración como premio Nobel de economía en 1994. Sin embargo, lo que hace que la historia de Nash sea especial no es su brillante trayectoria académica y profesional, sino la enorme fuerza y dedicación que le permitió vivir y trabajar sobreponiéndose a la esquizofrenia que padecía desde joven. Es la historia de una mente tan brillante como complicada que se abrió paso entre los grandes pensadores del momento para grabar su nombre en la historia a pesar de estar gravemente afectado por una enfermedad que a menudo lo hacía alejarse de la realidad y encerrarse en su propio mundo. Se trata, por tanto, de una historia humana, de superación y, por qué no, de amor, que demuestra que el corazón de las personas está por encima incluso de la mente de los genios.

En cuanto a la película, destaca la gran interpretación de Russel Crowe en un papel nada sencillo que exige todo el talento y la dedicación del actor. A pesar de ser un personaje no muy del estilo al que nos tiene acostumbrados el neozelandés, su actuación no deja de resultar creíble en ningún momento, por lo que demuestra que es un actor muy polivalente. Además, las excentricidades de Nash, sus gestos, sus tics, son magistralmente incorporados por Crowe a cada movimiento, creando una imagen del matemático asombrosamente realista y, lo que es más complicado, nada exagerada.

Del resto del reparto hay que resaltar también el trabajo de nuestro secundario de oro, Paul Bettany, que interpreta al amigo y compañero de habitación de Nash, Charlie Herman, un joven vivaz y entusiasta que complementa la timidez del matemático. La actuación de Bettany está, como todas sus interpretaciones, muy conseguida e interiorizada por el actor hasta el punto de resultar una oda a la naturalidad. Gran trabajo por tanto de este gran profesional que, pese a su juventud, está experimentando un ascenso fulgurante entre el tradicional plantel hollywoodiense.

Jennifer Connelly, por su parte, también brilla en el film con su papel de Alicia, la esposa de Nash, una mujer entregada y fuerte que hace todo lo posible por ayudar a su marido a superar la enfermedad. De la interpretación de Connelly llaman la atención su entrega y su expresividad a la hora de hacerse con un personaje muy intenso y sensible a la vez, de manera que consigue alternar entre estos dos registros con elegante sutileza. Este papel, además, le valió para conseguir el Óscar y el Globo de Oro a la mejor actriz de reparto en 2001.

En resumen, una gran película que se mueve entre el drama y la biografía y que, a pesar de los inconvenientes que supone el narrar toda una vida en poco más de dos horas, sabe priorizar los momentos más importantes y conceder mayor relevancia a los aspectos más humanos de la vida de Nash, obviando o sintetizando de manera sucinta la visión académica y profesional. Es, a mi parecer, un retrato muy bien conseguido de la turbulencia mental que produce la esquizofrenia a través del ejemplo más que acertado de un genio de las matemáticas, que, paradojas aparte, consigue discernir entre lo real y lo imaginario gracias a su corazón.

Tráiler de la película (en versión original)

4 comentarios

  1. Pal

    Recuerdo leer una entrevista de Nash en la que aseguraba que para nada se veía reflejado en Russel Crowe, aunque eso es algo que solo sabe él. Desde fuera parece una gran interpretación.

    noviembre 18, 2010 en 9:09 pm

  2. Esta no la he visto, me la apunto, que pinta bien😀

    noviembre 18, 2010 en 10:39 pm

  3. Cas

    “hasta el punto de resultar una oda a la naturalidad” Excelente..

    noviembre 23, 2010 en 11:54 am

  4. Gran pelicula, de la que hay mucho por aprender, y cómo bien dices, Russell hace un trabajo fenomenal, por que su personaje era absolutamente complicado y rebuscado.
    Esta película yo la descubrí (por obligación) en el instituto, pero la verdad es que es senasacional.

    saludos!

    noviembre 25, 2010 en 11:01 am

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